viernes, 19 de abril de 2013

XXV. No soy de aquí, ni soy de allá.

Hoy, después de unos ratos puteando a los bondis y al tren, llegué a casa.
Y me pasó algo rarísimo. Iba cruzando desde Caseros, para llegar al departamento, y me chistó un señor.

Me di vuelta, pero tenía un cierto miedo. Claro, en realidad, no supuse que el mismo miedo que yo tenía, lo estaba sintiendo él, cuando me vio llegar con mi mochila superpoderosa.

-Señorita...le veo cara de perdida...-
-No, para nada señor... Vivo acá a la vuelta...-
-Pero no sos de Haedo...debés ser de esos estudiantes que llegan a alegrar la República de Haedo...- dijo entre risas.
-No, tiene razón. No soy de acá... Recién me estoy acostumbrando a esta hermosa República!- le respondí sonriendo.

En unos minutos, no sólo estábamos charlando del barrio, sino que se había sumado a la charla la mujer del señor, también residente antigua de Haedo, con un termo y un mate en mano.

-Alberto! Dejála tranquila, ¿que no ves que viene cargada?-
-No se haga problema señora... Bajo la mochila y me quedo. Me gusta conocer el barrio, la ciudad... y si es por anécdotas, aún más...- dije descargando la mochila en la vereda.

Así, re de entre casa, mientras Alberto me contaba algunas anécdotas del barrio, Ángela, su mujer, me daba unos mates. Toda esta situación en la vereda.

Me contó de cómo se inunda el túnel peatonal cuando llueve, lo linda que es la Plaza San Martín cuando atardece y me recomendó, especialmente, que vaya de noche -pero acompañada, por la seguridad, claramente- a la Estación de Trenes.

Después seguro le pido a Amanda que viajemos un poco por Haedo y conozcamos. Ahora estoy fusilada, recién llego, Lola me recibió a puro abrazo y con ganas de jugar...

Yo pregunto, cómo será tener un pibe... porque si me agota jugar con Lola... O la otra opción es que estoy vieja. 

Pero auto-convenzámonos que no, que sólo estoy cansada por el viaje...

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