miércoles, 3 de abril de 2013

XVIII. El diluvio, las cajas y el Arca de Mechi.

Para variar con mi suerte, la ciudad amaneció lloviendo -a carcajadas- y con el cartero tumbándome la puerta para que le reciba algo. En realidad el cartero había dejado las cajas en el palier, que con la lluvia pobre había venido igual, y era Amanda la que estaba volteándome la puerta para que le abriera. Chicos, soy un tronco durmiendo, pero esta vez tengo algo a mi favor: no hay luz, no hay timbre.

Vieron que cuando te despertás así sobresaltada, no entendés mucho qué es lo que está pasando. Capaz que están invadiendo China o se está inundando tu casa, pero vos no entendés nada.

-Caro, Caro! Estás bien?- gritaba Amanda, golpeando la puerta.

Yo acudí a abrirle, mientras me restregaba los ojos tratando de despejarlos.

-No estoy muerta, sólo un poco dormida. Pasá.- dije, mientras Amanda entraba, empujando unas cajas con las piernas.

Yo iba a cerrar la puerta cuando entró Amanda, pero ella me frenó diciendo “pará, tengo unos mates preparados, los traigo y te ayudo a ordenar, total, es feriado”.

Mientras esperaba que Amanda volviera, me llega un whatsapp de Tomás.

De Toi:
¿Y Carola? ¿Cómo es la lluvia en Haedo?
De Carola:
La verdad, por mi ventana la lluvia se ve linda. Aunque me parece que causó destrozos, no? ¡Las ventajas de no tener cable!
De Toi:
Seguí robando luz del palier (te leí ayer hija de puta!) y cargá ese celular. Si me entero que pasa algo en Haedo, te mando.
De Carola:
Gracias amorch!

Conociendo a Toi, era capaz de estar mirando todo el tiempo TN, con tal de saber si yo estaba inundada.

Nos sentamos a tomar unos mates con Amanda, mientras yo abría las cajas. Primero encontré una cartita de Cande, madre y padre, pidiendo que todo esto me sirva de algo y me ayude en mi aventura.

¿Lo que había en las cajas? Comida (un mini pedido), dos platos, dos vasos y dos individuales. Y adentro de una bolsa, un cartón de puchos con una notita: “No me gusta que fumes, pero sé que te sacará muchas ansiedades. Te amo, Cande.”

Empecé a acomodar las cosas en la alacena y mientras, a seguir disfrutando de la compañía de Amanda, que parecía que había llegado para quedarse.

-¿Por qué te mudaste?- preguntó Amanda.
-En realidad, si tengo que contestar un por qué, no sé contestar… ¿Escuchaste hablar alguna vez de la metáfora de las zanahorias? (Amanda negó con la cabeza) Bueno, estamos siempre corriendo detrás de zanahorias, que vendrían a ser las metas personales. Bueno, yo ya no tenía zanahorias que correr en Santa Fe…-
-Ah, bien. Bueno,  en eso nos parecemos bastante… Yo tenía muchas zanahorias para correr, pero…digamos que no me interesaban. Así que también me vine.-
-¿Y por qué elegiste Haedo?-
-Acá tengo una conocida…Mechi. En realidad, es conocida de un amigo de un amigo, viste cómo son estas cosas… (risas) Y bueno, un día hablando con ella me dijo “estoy enamorada de mi lugar” y así fue como vine un día, miré qué onda y al mes estaba viviendo acá…-

En este día de diluvio, necesitábamos un Arca salvador. Digamos que siempre hay un "Arca". Siempre había una “Mechi” que nos enamorara de un lugar, o de una situación. Siempre amamos algo que le hace bien a alguien, o siempre hay un “instrumento” para decidir qué es lo que nos hace bien, o lo que no. El de Amanda había sido Mechi, mi instrumento había sido la libertad y las ganas de hacer algo por mí. No era una persona física, pero vale, ¿no?

#ElArcaDeMechi

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