martes, 16 de abril de 2013

XXIII. Mates y abrazos.

Toi me fue a buscar a Terminal y me llevó un mate preparado, como para mostrarme que me había extrañado.

-Car, desde que te fuiste no tomo mate...-
-Ay, no seas exagerado! Vení, dame un abrazo que te re extrañé...-

Yo, que sabía perfectamente que decía la verdad, digamos que me quería hacer rogar un poquito. Y que todo lo que me había extrañado fuera demostrado en mates y abrazos.

#SosTanMinitaCarola

Hoy no les pienso contar nada más que esto.

Tomás me abrazó mucho y tomamos muchos mates. Por supuesto que tuve que hacer otras cosas -como cenar con mi familia, ver a mis amigas, visitar a Ferchi, tomar mate con mi hermana- pero sólo me voy a detener en tratar de describir lo que sentí cuando Toi me abrazó.

Porque encima, él no es de abrazar mucho. Así que hay que valorar el doble el esfuerzo.
Tomi es así. Y me da tanto calor cada abrazo que me da, que me hace amarlo cada vez más.

Y cuando por fin nos sentamos a tomar unos mates en la Placita Vusetich, de enfrente de casa, sentí que estaba en el momento adecuado y con la persona que tenía que estar. Reímos mucho, le sacamos el cuero a medio mundo e hicimos todo lo que hacemos cuando estamos juntos...

Y como cuenta una vieja reflexión...


Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir. 

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