viernes, 15 de marzo de 2013

VIII. Desde cómo encarar una nueva conversación hasta cómo está la vida.


Situación: Puerta del restaurante. Ext., Día. Silencio incómodo, Speech empezado.

Mi mente estructurada no iba a permitirse faltar a los objetivos de este viaje. Por lo tanto, dejé que la cuestión de la vergonzosa presentación y posterior almuerzo con Mariano se enfriara un poco, porque mi cabeza alegó insuficiencia de pruebas mentales para sostener una conversación.

-¿Te parece si voy a buscar mi mochila y me voy a dar unas vueltas? Digo...así busco lugar para quedarme esta noche-
-Pará, y si buscamos las llaves del departamento y te quedás ahí?-
-No, Marian, no... Podés perder tu laburo boludo...-
-No, no...yo no te conté... Mi viejo es dueño de la inmobiliaria...y de esos departamentos...así que puedo hacer algunos favores digamos...-
-Igual, no me parece Mariano...no sé si da...-
-Escuchá. Date unas vueltas, seguí conociendo Haedo y me llamás más tarde para buscar la mochila...-

Ante mi mirada aún no convencida totalmente, atinó decir la maravillosa frase "Te dejo libre un rato y después vemos..."

Paren las rotativas. ¿"Te dejo libre un rato y después vemos?" ¿Quién sos? ¿Un guardia cárceles que me deja libre por unas horas y después me vuelve a encerrar? Olvídalo chiquito.

Aún confundida y un poco aturdida, decidí saludarlo y volver a caminar por Haedo con un par de mates como compañía. Ya les conté que Tomás me había hecho una listita a modo de mapa, con puntos para visitar y conocer. Si esa iba a ser mi nueva tierra, no podía dejar de conocerla.

El centro de Haedo me daba tranquilidad, no me pregunten por qué. Digamos que en comparación a la locura que se vive en la Peatonal de Santa Fe, esto no sólo que era más tranquilo, sino mucho menos propenso a puteadas. Porque cuando la gente camina lento, mirando vidrieras, hueveando -a mi entender-, yo puteo mucho. Y esto, acá en Haedo, no pasa.

Cuando llegué a la plaza, me senté. Miré los árboles, sentí el aroma que me daba seguridad. Traté de memorizar todos los detalles posibles para poder contar con exactitud cada paso. A ustedes, claro, que me acompañan en esta mini-aventura.


Aunque, como siempre, sentí que debía compartirlo con Cande. Así que la llamé, sin pensar demasiado, ni mirar la hora.
-Si venís a Haedo te enamorás, mana. No sabés la tranquilidad que me da este lugar…-
-¡Qué bueno escucharte así, mani! ¿Cuándo volvés así te voy a buscar?-
-Esta noche la paso acá, pero mañana a primera hora tengo micro de regreso…-
-Genial. Mantenéte en contacto eh.-

Acto seguido, me cebé un mate y lo disfruté como si fuera el último. Ahí nomás lo llamé a Mariano para que me acerque la mochila.
Después de unos cuantos mates más, lo vi llegar por Chacabuco. Allí venía Marianito cargando mi mochila y con un termo en la mano. Ya no estaba de traje, ya estaba de hombre común y corriente. Y a pesar de que notaba una cierta molestia, porque la mochila lucía pesada -y yo la había cargado, por lo tanto daba testimonio- tenía una sonrisa amplia, sincera.

-Sabía que ibas a querer más agua caliente, así que aproveché y te traje más…- dijo dejando la mochila en el banco.
-Ay, gracias. De verdad que me sorprende tanta amabilidad…me saldrá muy caro?-
-Sí (pausa incómoda) Unos mates con bizcochitos…- y sonrió aún más grande. En el fondo me preocupaba lo picarón que sonaba, pero bueno, ya estaba en el baile. Y una Fernández jamás da un paso hacia atrás, sólo si es para tomar envión.
-¿Pensaste lo de pasar la noche en tu departamento?-
-Sí, la verdad que me sigue sin parecer una buena idea, pero no tengo ni ganas de salir a buscar un hostel a esta hora…quiero disfrutar Haedo un rato más…-
-¿Querés disfrutar? Bueno, tengo un lugar para llevarte…te va a gustar…después te llevo al departamento, dale?-

Cargué mi mochila, casi adolorida, pensando en caminar eternamente por las calles de este lugar que me había enamorado desde que puse un pie en él. Pero Mariano me sorprendió con un autito. Así que cargamos la mochila en el baúl -me pregunté por qué la había bajado si la íbamos a volver a subir, pero entendí que gracias a todos los santos, soy impredecible, y que jamás pensó que iba a aceptar lo del departamento-; y mate de por medio, nos dirigimos hacia algún lugar que Marian me quería mostrar.

Curva y centro de Haedo

Luego pegamos un par de vueltitas más, pasando por adelante del Chalet fresco -que con más paciencia luego voy a averiguar por qué se llama así y cuál es su historia-, me llevó a la estación y vimos las antiguas casas ferroviarias y demás. Haedo es muy ferroviario, me hace acordar a mi abuelo materno que trabajaba en el ferrocarril en Santa. 



Chalet Fresco y Barrio ferroviario

Bueno, poco a poco fue atardeciendo, por lo tanto, se acercaba la hora de mi “primera noche en Haedo”. No tenía hambre, así que le pedí a Mariano que directamente me llevara al departamento. Habían sido muchas las emociones y quería abrir mi bolsita de dormir y descansar hasta la primera hora.

-Bueno, mirá, hay una chica que se está mudando en este otro departamento…- dijo señalando la puerta de al lado, mientras abría otra vez la puerta del monoambiente.
-Genial, si me quedo sin agua, le pido…-
-¿Vos vivís a base de mate, no?-
-Y de sueños…- dije pensativa -Pero como los sueños no se pueden tomar, tomo mate…-expliqué entre risas.
-No hay nada acá, así que te traje unas velas por las dudas…en la esquina tenés un kiosco por si te quedás sin puchos y en tu celular tenés mi número por si necesitás algo…-dijo dándome un beso.
-Muchas gracias Marian, en serio.-
-Ah, y mañana paso a buscar la llave, tipo 7, te parece? Y te llevo a Retiro…así no andás tan cargada en el tren…-

Para mis adentros pensaba que este chico me iba a cobrar al mil por uno -y en especie-, así que le pregunté.

-¿Cuánto me va a salir todo esto?-
-Si decidís mudarte a Haedo, lo vemos…-dijo agitando su mano y saludando.

Y ahí me había quedado solita, mi soledad y yo. Recorriendo mentalmente todo mi día, todos mis planes y escribiendo para ustedes, que son mi compañía acá en Haedo.

Y así me despido con un pedacito del libro que me traje para acompañarme en esta aventura:

“…Poco a poco, la ansiedad va cediendo lugar a la contemplación y empiezo a escuchar a mi alma, Estaba loca por conversar conmigo, pero yo vivo ocupado.
No estoy haciendo nada y estoy haciendo lo más importante de la vida de un hombre; estoy escuchando lo que necesitaba oír de mí mismo”
(Paulo Coelho, Como el río que fluye, Palabras Esenciales II)




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