domingo, 10 de marzo de 2013

VI. Libertad, frenesí, do re mi fa sol la si II


Después de dejar mi mochila en la inmobiliaria y conseguir un kiosco para comprar mis propios cigarrillos, agarré mi mapa casero -el que amablemente Toi me había dibujado con algunos puntos particulares de Haedo y El Palomar- y me dispuse a caminar.

Ese aroma fresco de la mañana me había sorprendido desde que bajé del colectivo. No sé si a ustedes les pasa, pero mi memoria emotiva (también) es olfativa. Y esa brisa fresca me recordó a las mañanas en que, con mi nona, tomábamos mates en el patio, debajo de la parra.

A medida que caminaba, trataba de buscar la manera de contarle a Cande la aventura. Mi hermana es escritora, además de su trabajo formal (por lo tanto, imaginen que, me va a querer matar cuando sepa que estoy escribiendo así jaaa), así que tenía que encontrar la manera de rescatar todos los detalles, porque SÉ que ella me los va a preguntar.

Lo que sí no sabía -y era irremontable, pero increíblemente necesario-, era cómo contarle a mamá, una radical ultra, que mi departamento iba a quedar en “Presidente Perón”. ¿Tienen alguna idea para “pasar por alto” ese “detalle”?

En fin, fui caminando por Prats (la esquina del departamento) y crucé el puente sobre la autopista. Como si estuviera dentro de un videoclip, me detuve a la mitad del puente y respiré hondo, mirando los autos pasar.

Como si siguiera siendo un video clip, me quedé parada un momento sobre el puente, me cebé un mate y la gente me miraba como diciendo “y essssta?” (porque vieron que los porteños marcan muuucho las S). En ese momento, recordé una canción que mi hermana me había enseñado cuando era pequeñita y comencé a tararearla…

♫A la hora que la luna va muriendo…justo cuando comenzabas a soñar…arranqué de mi guitarra unos arpegios, para darte un hermoso despertar…♪

Apareció Mariano de la nada. (Recuerdan al bombón de la inmobiliaria, no?)
-Ando necesitando algo…

(Reconozco que tuve un poco de miedo de responder a esas palabras, pero me envalentoné, porque el mundo es de los valientes, y respondí)

-Qué andás necesitando?
-Alguien que me cante un poquito para dormirme! (risas) Qué voz dulce!
-Ay, me muero de la vergüenza, ¿me escuchaste cantar?
-Si Carolita -dijo, golpéandome el hombro.

Paren las rotativas. ¿Carolita? O sea, nos conocíamos hace unas horas. No da que me llames Carolita. Primero, desde que mi abuela se había muerto que nadie me decía “Carolita” y segundo, ¿cuántos años tenés?

-Vos qué hacías por acá?
-Entregué un departamento acá cerca e iba cruzando hasta la inmobiliaria. No me imaginé encontrarte acá.
-Yo estaba viviendo mi propio videoclip (risas)

Lo gracioso de la situación es que, desde que me había cruzado con Mariano temprano, sentía que lo conocía de toda una vida. Y es más, por lo general yo no suelo tener tanta confianza con los hombres así de una. ¿Sabés cómo tienen que remarla para que yo me sienta cómoda? Uff.

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