jueves, 2 de mayo de 2013

XXIX. Lunes otra vez ♪

La cosa es así. Tanto alabar a Martina (mi computadora), ayer dijo basta. Pero grandiosa idea la de Marian, de prestarme su netbook sin uso (desde la que les escribo ahora), para que pudiera seguir comunicándome con el mundo exterior.

Pasaron muchas cosas esta semana en que me ausenté: conseguí una changuita acá en la otra cuadra de casa, se rompió Martina y volvió Mariano.

Todo se unió cuando agarré la ruta de los últimos días, para ir al super chino. Y ahí, en el super, encontré un papelito pegado al lado de la caja, que decía "Salones del Oeste necesita repostero/a" y bueno, ahí fui -porque decía la dirección, sino ni idea che-. Solita mi alma, sin papeles, nada. A averiguar, por supuesto.

Me explicaron que necesitaban justo justo un repostero para hacer una mesa dulce este fin de semana que pasó. Bueno, no sé si recuerdan ustedes que yo soy cocinera, así que ahí mismo le pedí datos de para cuántas personas era la mesa, que qué pedido habían hecho y esas cosas, como para evaluar dónde me estaba metiendo.

Y me metí de lleno, como te metés en las calles anegadas un día de lluvia. Y enseguida quedé en traerle mi título y mi currículum para que me creyeran que no era cualquier caída del catre. De paso, volver al departamento a buscar mi chaqueta, mi gorro y delantal, porque querían que empiece ese mismo jueves a elaborar todo lo posible, con la otra gente que trabajaba en los salones.

Mi aventura trajo buenos resultados, porque no sólo conseguí ese laburito -pequeño, pero agotador-, sino que les dejé mi celular para que me llamen para otra oportunidad.


Bueno, en lo de Martina, no me voy a detener mucho. Se rompió, me dejó de andar, irónicamente, el teclado; así que, cuando volvía el jueves del laburo, Marian me cruzó en la calle. Ya me siento en Santa Fe con esto de cruzarme a la gente en el barrio...

-¡Carolita!- gritó desde la media cuadra. Y yo rogué que la tierra me tragara en ese preciso momento.
-¡Marian! ¡Qué lindo verte!- mentí asquerosamente. 
La realidad era que me moría de vergüenza, no sabía cómo remontar lo que había pasado la última vez que nos vimos. (Ver: XV. Pasión de Gavilanes, un poroto II)
-Bueno, si no te encuentro por accidente, vos más que para pagar el alquiler, no me ves eh...-

Paremos todo chicos. Mariano me estaba haciendo el famoso reclamo, típico de adolescente en primera cita, de "no me llamaste".

-Bueno, me estuve acomodando... Encima, ahora se me rompió la compu...así que ni mails puedo escribirte...-

Pará Carola. Si no lo llamás, MUCHO MENOS, le vas a mandar un mail. ¿De qué estás hablando mami?

-Yo tengo una netbook en la oficina que no usamos... ¿querés que te la preste mientras arreglás la tuya? Bueno, en realidad, sé que no me la vas a aceptar. Así que mañana llevo un vino y te la llevo...-
-Dejáme que cocine algo rico...de la única manera que aceptaría la gentileza...-
-Dale, dale...-
-¿Sos alérgico a algo? - pregunte riendo. No vaya a ser cosa que el pibe se me muera por un edema de glotis en casa... Con la suerte que yo tenía...
-No no, pero no me gusta el perejil. Eso nomás... Te veo mañana a las 20. Nos vemos Cari...-

Me llamó Cari, como sólo Nico suele hacer... #YMeMovióElPisito

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