viernes, 3 de mayo de 2013

XXX. Treinta veces Carola.

Antes de comenzar, gracias por quedarse ahí durante treinta veces. 
A los que pidieron más, a los que me leyeron y apoyaron, a los que se engancharon tarde y a los que me dieron más que una mano, treinta veces: GRACIAS.

El reloj no marcaba más las nueve. 
Gracias a Dios, porque tenía aún un millón de cosas por hacer.

Decidí sorprender a Mariano con un entrecot grillé al perejil. No, mentira. Si no le gustaba el perejil...ja! Entonces, vamos de nuevo, decidí hacer bondiola con salsa de peras, que fue el plato por excelencia que me reclaman cada vez que viajo a Santa Fe. Como guarnición, elegí unas berenjenas asadas con salsa de cuatro quesos, que me estaban quedando de maravillas.

Por la mañana fui al chino a comprar lo que necesitaba. Acompañada de Amanda. No me acuerdo si les conté, pero está buscando laburo, porque la "pasaron a disponibilidad". A disponibilidad de hacer lo que se le cante: la rajaron, chicos.

-Debés sentir algo lindo por este chico... porque en lo que te conozco, jamás te vi tan entusiasmada por cocinar...-
-Estoy volviendo...- le contesté, mientras agarraba un canastito para el super.
-¿Volviendo?-
-Sí, cocinar es mi amiga del alma. Yo hago terapia cocinando... Y desde que me mudé, sólo hice cosas poco complejas... Y bueno, cocinar me hace bien. No al pedo es lo que elegí como carrera...-
-Sí, como las tartas de choclo que me hiciste la otra vez...-
-¿Ves? Eso es. Yo cocino como muestra de cariño. Tenés razón. Pero también porque me nace demostrar lo que sé hacer...-
-No me des más vueltas, ¿querés? Mariano es alguien importante y punto.- dijo Amanda, sentenciando.

¿Sería verdad que yo estaba tan entusiasmada en la cocina, sólo porque Mariano era importante? ¿Amanda tenía razón y yo no quería reconocer que me movía el piso? Yo sé lo que les dije ayer, que me movía el piso, pero tampoco para que sienta "algo". Y en ese caso, ¿qué sentía por Mariano?

Después de hacer las compras, Amanda, como está al pedo, pobre, me vino a cebar unos mates, mientras yo trataba de recordar el orden de los ingredientes, poner en marcha la cena y demás. 

-Papel aluminio, ¿tenés?- repasaba en voz alta, ante la mirada atenta de Amanda.
-Si me preguntás a mí, creo que en casa hay uno de cuando vinieron las chicas e hicimos brownies...- me respondió riendo.
-No, tonta, estoy repasando qué es lo que necesito, como para tener todo y ya quedarme tranquila...-
-Bueno, bueno. Ah, escuchá, hoy nos juntamos con Mechi. No te dije antes porque sabía que tenías esta "cita" y te iba a molestar no poder ir...-
-No hay drama Ami, es cuestión de organizarse. Si la "cita" se torna embolante, me tendrán ahí... ¿Es en su casa?-
- Sí, sí. Donde fuimos la otra vez... A las 22. Cualquier cosa me avisás y te venimos a buscar con el auto. No creo que Me tenga problema. - dijo, pasándome un mate. -Me mandás un whatsapp con un SOS y venimos al rescate!- dijo, remedando la voz del astronauta de Toy Story.

A las nueve en punto, tocaron el timbre. Bajé a atender y era Mariano, con una bolsa no muy grande en su mano. Esperó a que subiéramos y me mostró un vino tinto Malbec y dos chocolates.

Estaba todo listo, la mesa preparada. Pero él atinó a empezar a joder las cosas. 
Mientras yo estaba de espaldas, resolviendo el emplatado, él vino y me abrazó desde atrás y  me dijo un par de cosas al oído. Como que estaba todo muy lindo y que gracias por la cena.

No les voy a negar que me encantó el gesto, pero no daba. Era nuestra "primer cita". Qué rapido sos, Marian.

Entre pitos y flautas, todo se tornó muy llevadero. Pero él, que parecía no ser muy caballero, para las diez, ya había juntado los platos. Y diez y media me dijo "Me tengo que ir, tengo que mostrar una casa temprano".

Antes de bajar a despedirlo, le mandé un mensaje a Ami, para que me vinieran a buscar. Yo aún tenía un vino sin empezar y ganas de seguir la noche, vio. Porque me había preparado como si esto fuera para largo, y en una hora y media, finiquitamos el tema.
Bajé a abrirle.

-Muy rico todo, Cari-
-Me alegro que te haya gustado...- dije, casi sonrojada.
-Hay que repetir esto más seguido... Pero la próxima cocino yo...-
-Dale, dale. ¿Y con qué me vas a sorprender?-
-Con esto...- Acto seguido, me encajó (sí, me encajó, porque no lo esperaba NI AHÍ) un beso de tipo Hollywood. Yo no les voy a negar que lo seguí. Muy a gusto, por cierto.

Toda esta situación romántica, novelera y empalagosa, estaba siendo observada por las chicas, que aún dentro del auto de Mechi, aplaudían y miraban como viejas chismosas. Muy idiotas por cierto. Cuando caí en la cuenta, lo separé y seguramente me habré puesto del color de una frutilla.

Marian se dio vuelta rápidamente y vio a las chicas. Se dio cuenta por qué había cortado el beso. Sin más, me dio un beso en la mejilla, así ruidoso y se aproximó a su auto, que estaba estacionado detrás de las chicas. Las saludó y se subió rápidamente y avergonzado. 

Éramos dos adolescentes, les juro.

Subí a buscar el vino y los chocolates que habían quedado y bajé nuevamente para irme con las chicas.

#LadiesNight

Seguramente, iban a querer que les cuente detalles y demás. Yo no estoy tan acostumbrada a hablar de mí, pero si querían detalles, los iban a tener. Amanda ya formaba parte de mi vida, y ahora Mechi, a quien sentía que conocía de toda la vida; así que estaba más que cómoda.

-Boluda te dicen a vos, eh...- dijo Mechi, sirviendo vino para nosotras y cerveza para ella. -Chon-ga-zo!-
-Lo peor, es que yo lo conozco de antes... Y como estaba con otro chonguito, no pude mirarlo con detenimiento...- dijo Amanda, riendo fuerte.
-Bueno, chicas. Si ustedes conocieran los bagartos con lo que estuve, agradecerían que esté con Marian...-
-Ay, Marian, Marian...- dijo Mechi, tirándome un almohadón, adolescentemente.

Las chicas habían comido asado. Habían hecho karaoke y habían despedido a dos chicas más que ya habían dicho basta en una noche de viernes.

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