sábado, 10 de agosto de 2013

XXXVI. Mariano quiere...

Hace unas semanas que, oficialmente, estamos saliendo con Mariano. Y está profundamente pesado, también, hace unas semanas.

Ayer hablando con Ferchi por Skype, estábamos poniéndonos al día, y le comenté las buenas nuevas. A lo que ella respondió, primero con desconcierto, y después, con alegría.
En realidad, lo que necesitaba, era un consejo. Porque Mariano todo el tiempo quiere coger. Si nos juntamos a tomar mate, quiere coger. Si salimos al Centro, quiere ir a un telo a coger. Si salimos a cenar, quiere...coger.
Y yo no soy tan así. Con una vez, me alcanza y me sobra.

Al empezar la charla, recordamos momentos de la secundaria en la que ambas éramos dos revoluciones hormonales caminando. Y cómo después nos fuimos aquietando con el paso del tiempo, las responsabilidades, los horarios...y los muchachos.
Paso siguiente, para llegar a una conclusión, necesité que me dijera qué hacer. Ferchi, como toda una buena doctora, me dijo que para el hombre el sexo es considerado una necesidad básica. Nada nuevo, digamos. Y que, en sí, quedaba en la mujer la decisión de satisfacer esas necesidades. 

Mi principal problema es que, últimamente, no podemos mantener una conversación sin que el doble sentido aparezca, o las dobles intenciones, mejor dicho, aparezcan. 

Cuando corté la video llamada con Ferchi, me remití a mi vieja colección de Cosmopolitan. Para algo me tenían que servir todas esas revistas de mierda en las que habían invertido muchos ahorros.

Después de leer titulares como "Sé la mujer que tu chico espera", "5 pasos para ser la novia ideal", "10 tips para enloquecer a tu chico en la cama", me rendí. Y me puse a reír, dulcemente, de todas las situaciones que iban describiendo. Como por ejemplo, las incontables notas de sexo que trae -como las muchas otras revistas para mujeres que fui comprando a lo largo del tiempo-, los comentarios de las lectoras super satisfechas y la gente que te dice cómo ponerla, por dónde, cuándo, por qué, etc. etc.

Me rendí y empecé a leer las notas que te decían cómo ser una fiera en la cama, a ver si de una vez por todas, lo dejaba exhausto y no pedía más por más de una semana.

Ahí me ví, completamente inútil.

Inútil porque no creo que haya mujer que conozca, que tenga la suficiente memoria como para aprenderse las poses sexuales que estas cosas ofrecen. No me imagino probando una como 
"el hindú que vuelve de la guerra", la verdad. O mejor dicho, ahí viene la parte de las risas. Porque me imagino con Mariano sentado en la cama, esperando a que le diagrame las posiciones elegidas para la noche de sexo desenfrenado. Y no creo que este chico pueda esperar tanto tiempo. Te la ponen, y YA. No les importa mucho por dónde, ni cómo, ni en qué posición. Básicamente, ellos la ponen y listo.

Además, con todas las cosas que tenemos en cuenta nosotras para el encuentro...con todos los complejos e inseguridades que acarreamos....
que si se me ve la chicha, si tengo celulitis, que mejor sea con la luz apagada, que si me pongo arriba me cuelgan las tetas y va a descubrir que es todo efecto push-up, que si me pongo abajo las muchachas se separan más de lo que están, que si se me corre el maquillaje, que mejor no me toque las piernas porque mañana voy a la depiladora…


Dejáte de joder. El pibe se me va a la mierda y no vuelve nunca más. Y con total razón, antes que probar cualquier boludez de estas... Y si encima tenés que proponerle algo "exótico" tipo la pierna izquierda en el hombro, la derecha en la cintura, la mano izquierda en la pelvis, la derecha en el culo, al otro día terminás caminando como digna provinciana que se bajó recién del caballo, y tomando quince analgésicos.

En fin, es más lo que me reí de la situación que lo que aprendí. Si total esta noche viene Mariano y, por más que le diga que demore un cachito porque me quiero depilar, va a venir antes, me va a dar dos besos en el cuello y me va a derretir, al punto de olvidarme de todo.

Y él, se va a olvidar si usó el perrito, el mambrú, el mediador de justicia o la hamaca paraguaya. Hasta que se puso a pensar, ya me cogió.

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